“[…] es importante que nos esforcemos por entender la historia y la lógica de la caza de brujas y las muchas formas en que se perpetúa en nuestra era. Solo si mantenemos viva esta memoria podremos evitar que sea puesta en nuestra contra.” (Silvia Federici, Brujas, caza de brujas y mujeres)
Entre los siglos XV y XVII tuvo lugar uno de los sucesos más turbios de la historia de Occidente: la locura de las brujas.
Se estima que alrededor de 50.000 personas fueron declaradas culpables de brujería y quemadas en la hoguera, la gran mayoría mujeres, en un lapso de 350 años [PENSAD QUE, POR AQUELLAS ÉPOCAS, ERA UN PORCENTAJE BASTANTE DECENT DE POBLACIÓN. A VER, QUE, BÁSICAMENTE, HABÍA COMO CUATRO GATOS EN EUROPA].
La brujería es un concepto presente en casi todas las sociedades del mundo, pero la manía de las brujas europea ha sido la más atroz, duradera y, con los datos disponibles, la que ha causado un mayor número de víctimas.
Hay muchas teorías que han intentado explicar las causas de este [CRUELTRY NOT FREE] fenómeno, muchas de ellas asociadas a ese rechazo o fobia hacia la independencia/liberación femenina [DICHO DE OTRA FORMA, MISOGINIA JAJA], pero siempre me ha surgido la duda de si, realmente, esta “fobia” fue causa suficiente para crear un “sistema para matar” tan sólido y duradero, que, además, se dio en un periodo muy concreto de la historia de Europa.
Es decir, la misoginia ya existía antes de la Edad Moderna [JAJAJA ESTABA MUY CONSOLIDADA Y TAL] y, por supuesto, se había cobrado sus víctimas, como se las cobra ahora [BTW], pero, quizás hasta ese momento, no se había inventado un sistema institucional tan específico con un objetivo tan claro: acabar con las “brujas”. ¿No será que había detrás una causa mayor? [DIGO, NO SÉ] ¿No será que a las mujeres nos utilizaron como chivos expiatorios? Y si fue así, ¿por qué nosotras?
El célebre antropólogo Marvin Harris [AKA MY LOVE], uno de los máximos exponentes en ecología cultural, propone una teoría para explicar la locura de las brujas que me parece [BRUTAL] diferente, muy reveladora y digna de divulgar.
Resulta que entre los siglos XIII al XVII se estaban dando en Europa una serie de fuertes levantamientos de índole militar-mesiánica[1]. En Europa Occidental, Joaquín de Fiore, un abad calabrés y principal teórico del mesianismo en esa época, difundió un sistema profético que ha sido calificado como “el más influyente de los conocidos en Europa hasta la aparición del marxismo”. Joaquín de Fiore inició un movimiento al que se sumaron, sobre todo, las clases bajas de la sociedad y donde predijo que llegaría lo que él calificó como una Edad del Espíritu Santo, en la cual no habría necesidad de riqueza o propiedad, trabajo, alimento o abrigo y “las instituciones jerárquicas como el Estado y la Iglesia serían sustituidas por una comunidad libre de seres perfectos” [OJO].
Estos “brotes” mesiánicos iban dirigidos contra el poder y la riqueza que detentaban las clases gobernantes europeas y no constituían levantamientos aislados, sino que se producían de manera sistemática [VAMOS, ERAN UN PAIN IN THE ASS PARA LOS DIRIGENTES]. El tema es que en Europa sobrevolaba [NO LAS BRUJAS] la amenaza real de una revolución radical de las clases bajas.
Marvin Harris sostiene que no es accidental que el asunto de la brujería comenzara su auge justo en el momento en el que las protestas mesiánicas y la amenaza de revolución de las masas pauperizadas contra las injusticias sociales y económicas comenzaran a radicalizarse y a desestabilizar al sistema. Según Harris [WAIT FOR IT, PORQUE AQUÍ ES DONDE NOS EXPLOTA LA CABEZA], la locura de las brujas fue, sobre todo, creada [SÍ, TE CONFIRMO QUE HAS LEÍDO BIEN] y sostenida por las clases gobernantes como medio para suprimir estos levantamientos. Da la casualidad de que el Malleus Maleficarum o El Martillo de las Brujas fue ideado por Institor y Sprenger y aprobado por el Papa Inocencio VIII justo en el momento en el que Europa hervía de movimientos mesiánicos.
Harris no está de acuerdo con que la propia brujería constituyera una forma de protesta social, según el antropólogo “para que un movimiento constituya una protesta seria contra un orden establecido, debe tener doctrinas explícitas de crítica social o emprender una línea de acción peligrosa o amenazadora”. No ha quedado testimonio de que en los aquelarres se condenara el lujo de la Iglesia, se reivindicara la abolición de la propiedad privada o el fin de las clases sociales. Los pactos con el diablo, los viajes en escoba, reuniones en aquelarres, matar a la vaca del vecino, comer niños o destruir cosechas “no representaba una amenaza para la supervivencia de las clases acaudaladas y gobernantes”, dicho de otra forma, no constituía una amenaza al statu quo. Las mujeres que se podían identificar o autorreconocer como brujas, independientes, liberadas sexualmente, etc., aunque resultasen incómodas, no estaban organizadas en protesta social a lo Panteras Negras.
Y aquí es donde llegamos al quid de la cuestión.
Si, por un lado, la Iglesia estaba empleando una cantidad ingente de recursos para erradicar los levantamientos militar-mesiánicos de la época y si, por otro, la brujería era una actividad “inofensiva” para las clases dirigentes, ¿por qué se invirtió tanto esfuerzo en reprimirla?
Harris comenta que concierne hacer una distinción entre lo que sucedió de verdad y lo que la gente pensaba que sucedió. Argumenta que lo que realmente pasó fue que los poderes dominantes hicieron un gran esfuerzo en crear y difundir la brujería y no en destruirla. El efecto de este sistema fue hacer más verosímil la brujería e incrementar el aprovisionamiento de brujas, mediante el fomento de las acusaciones en cadena, a través de los procesos de tortura [YOU KNOW]. Un sistema que producía “un aprovisionamiento interminable de nuevas brujas que sustituían a las que estaban encarceladas o habían sido quemadas”. En palabras de Harris, “el sistema de caza de brujas estaba demasiado bien diseñado, fue demasiado duradero, severo y tenaz. Y sólo se pudo sostener gracias a intereses duraderos, severos y tenaces”.
El aparato de la caza de brujas tuvo como resultado principal que los pobres llegaran a creer que el origen de todas sus desgracias era porque habían sido víctimas de las brujas en vez de los poderosos [QUE MANEJABAN EL COTARRO]. La muerte de mi cerdo, las goteras en mi techo, la mala cosecha, las subidas de impuestos, el aumento del precio del pan, la escasez de puestos de trabajo, la miseria… todo, culpa de mi vecina que es [OTRA POBRE MISERABLE] bruja.
Culpar a la brujería, un concepto extremadamente abstracto, un enemigo fantasma, de la miseria que uno sufre para desviar la responsabilidad de la crisis desde las clases dirigentes hacia “demonios imaginarios con forma humana“, es brillante. Según Harris, “la Iglesia y el Estado no sólo se libraron de toda inculpación, sino que se convirtieron en elementos indispensables. El clero y la nobleza se presentaron como los grandes protectores de la humanidad frente a un enemigo omnipresente pero difícil de detectar” [UNOS GENIUS].
En definitiva, la manía de las brujas fue un aparato perfecto para la defensa de la estructura institucional conservadora. Los movimientos mesiánicos habían unido a los pobres y desposeídos de todas las regiones, movilizó a las gentes contra las injusticias sociales, disminuyendo a su vez la distancia social. Por el contrario, la locura de las brujas fragmentó y dispersó las protestas, tuvo como resultado la desmovilización de las masas, enfrentándolas, aislando a cada uno y sospechando del otro y convirtiéndoles en dependientes de las clases gobernantes.
Cuando leí esta teoría, a parte de parecerme muy reveladora, me recordó mucho al caso del mito de las Amazonas[2] y su funcionalismo al servicio del statu quo. Quizá como producto del Siglo XX, hemos pensado a las amazonas y las brujas como mujeres independientes y liberadas, incluso ostentando algún tipo de poder, y resulta que, llevando de nuevo el asunto al contexto de su época, nos utilizaron una vez más con fines conservaduristas, terminando con nosotras [LIQUIDÁNDONOS] de manera simbólica y de forma literal, respectivamente.
Pero hay algo que Harris no aborda y es el por qué fuimos las mujeres el chivo expiatorio [AISSS MARVIN, MARVIN], ya que más del 80% de las brujas que fueron quemadas en la hoguera eran mujeres y no cualquier perfil, sobre todo, mujeres de clase baja y ancianas [VAYA, QUÉ SORPRESA]. Para explicar el hecho de que durante más de tres siglos miles de mujeres se convirtieran en la personificación del mal, invoco [NUNCA MEJOR DICHO, LOL] a [UNA DE LAS GRANDES] Silvia Federici.
Federici, en su libro Brujas, caza de brujas y mujeres, alude a la asociación de la mujer con la Naturaleza, de como en sociedades precapitalistas se atribuía a las mujeres el conocer el arte de las hierbas y las plantas que podían dispensar la vida o la muerte o descubrir las propiedades ocultas de las cosas. También, muchas mujeres se ganaban la vida como curanderas, sanadoras, herboristas, matronas o elaboradoras de filtros, que, no solo era una forma de empleo, sino que de alguna manera implicaba cierto nivel de poder [A LO CIRCE]. Esta aura de misticismo y poder sumada al miedo de la sexualidad descontrolada de las mujeres explica, según Federici, por qué las cazas de brujas perseguían principalmente a las mujeres.
Asimismo, Federici también explica que la transformación de la sociedad de esa época, causada por el nacimiento del capitalismo, destruyó medios de vida y creó miseria, procesos que afectaron sobre todo a las mujeres, y sobre todo a las más mayores, que constituyeron el grueso de las personas acusadas y que, casualmente, eran las que sufrieron altas tasas de exclusión social. En una sociedad donde se comenzó a criminalizar la mendicidad, convirtió a esas mujeres en un objetivo fácil de ser victimizadas.
Si, en mi [HUMILDE] opinión, Harris se ha quedado corto en sus explicaciones, Federici tampoco hace una asociación del todo clara en este sentido. A mi parecer [Y YA VES TÚ QUE PUEDO DECIR CUALQUIER TONTERÍA, CUIDADO], la mujer era el ser perfecto para hacer de chivo expiatorio porque ya contaba por aquel entonces con una carga simbólica asociada muy importante como portadora de todos los males[3]. Y punto [JAJAJA]. [YO ME IMAGINO QUE FUE ALGO ASÍ EN PLAN, CENANDO UNOS SEÑORES, -“ESTO SE NOS ESTÁ YENDO DE LAS MANOS, RICK” -“SÍ, PACO, PERO ¿A QUIÉN PODEMOS ECHAR LA CULPA DE TODAS NUESTRAS MOVIDAS?” -“PUES A QUIEN VA A SER, RICK. A ESTAS, QUE SON LO PEOR” -“TIENES RAZÓN, PACO, NO TENEMOS NI QUE ESFORZARNOS” -“JOJO”].
Dicho todo esto, la locura de las brujas tuvo pues un doble propósito, por un lado, suprimir los levantamientos militar-mesiánicos de la época que pusieron en brete a los poderes dominantes, desintegrándolos, creando inseguridad y temor frente a un enemigo fantasma omnipresente y, por otro, [YA DE PASO] recordarnos a las mujeres nuestro sitio en la sociedad.
Según comenta Federici, con la caza de brujas se impuso un nuevo orden ético y moral “que convirtió toda fuente de poder que no estuviese relacionada con el Estado o la Iglesia en algo sospechoso de ser diabólico” y, además, tuvo consecuencias terribles para las mujeres, sirvió para privarlas de sus prácticas médicas, las obligó a someterse aun más al control patriarcal y las dividió, convirtiéndolas en cómplices de la “caza” contra otras mujeres. Hay que tener en cuenta, como dice Federici, el hecho terrible de que la sospecha sobre su condición diabólica acompañaría a cada mujer en cada momento de su vida.
En la actualidad, existe un pensamiento dicotómico en cuanto al imaginario colectivo creado en torno a la figura de la bruja. Por un lado, sigue existiendo esa imagen de la bruja fea, vieja y malvada, consolidada muy en parte desde los cuentos y, después, películas. Por otro, sobre todo desde algunos movimientos feministas del Siglo XX, la bruja como un símbolo que encarna a la mujer liberada de toda dominación y limitación.
En mi opinión, ambas figuras, de alguna manera domesticadas o romantizadas en el mal o buen sentido, respectivamente, silencia la verdadera historia de la locura de las brujas, que consistió en la eliminación de miles de mujeres en Occidente, tortura mediante. Matilda Joslyn Gage en el Siglo XIX, y la primera feminista en desenterrar la historia de las brujas, decía que solo había que sustituir la palabra “brujas” por “mujeres” para darse cuenta de las atrocidades cometidas. Haciendo referencia al aquelarre, el historiador Guy Bechtel afirma: “Este gran poema ideológico ha matado mucho”.
No debemos olvidar que, precedida de una acumulación de discursos de odio y hostilidad, la violencia física se percibe como una legítima defensa del cuerpo social. Por ello, en palabras de Federici, “no podemos dejar que se entierre en el silencio la historia de las brujas a no ser que queramos que su sino se repita”.
Bibliografía:
Marvin Harris. 2011. Vacas, cerdos, guerras y brujas: Los enigmas de la cultura. Alianza Editorial.
Silvia Federici. 2021. Brujas, caza de brujas y mujeres. Traficantes de Sueños.
Mona Chollet. 2019. Brujas. ¿Estigma o la fuerza invencible de las mujeres? Penguin.
[1] Los movimientos mesiánicos son aquellos que promueven la exaltación de un mesías, como mensajero de la verdad y la justicia. Como tal, se caracterizan por promover y propagar la doctrina o la ideología, de tendencia generalmente religiosa, formulada según la interpretación y cosmovisión del mesías sobre la historia [Fuente: pues internet].
[2] Para más info, podéis consultar el post Las amazonas, ¿un mito feminista?
[3] Para más info, podéis consultar el post Mala Mujer

Sin duda el artículo más interesante que he leído jamás acerca de este tema.
No solo desmontas cualquier tipo de información sin fundamento y creencias erróneas sobre la historia de las brujas, sino que además aportas un toque irónico que ayuda al entendimiento.
Bravo
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Muchísimas gracias!!!
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